La vida de Ana Iríbar cambió el 23 de enero de 1995, cuando ETA quitó la vida a su marido Gregorio Ordóñez, teniente alcalde del Partido Popular del Ayuntamiento de San Sebastián y de 36 años. Esta licenciada en Filología francesa por la Universidad de Zaragoza tenía 32 y un hijo en común de 15 meses. Y llevaban casados casi cinco. Además de enviudar dejó su ciudad natal por la capital española, donde ha visto crecer a su hijo, ahora ya adolescente y consciente de lo que es la banda terrorista. Antes del primer aniversario de la muerte del político popular, en diciembre de 1995, la donostiarra ya había puesto en marcha la Fundación Gregorio Ordóñez. Desde este marco no ha cesado de preservar la memoria histórica de su marido y de divulgar sus ideales. Eso sí, a pesar de su incansable activismo, Iríbar dice que no se plantea un salto a la arena política, por mucho que le interese.
Han pasado ya unos cuantos días desde el anuncio de ETA del cese de su actividad. ¿Ha cambiado en algo su primera reacción de profunda tristeza, de vértigo?
Veo la noticia exactamente igual, sigue siendo un comunicado insuficiente porque lo que espero de ETA es la rendición incondicional. Mis sentimientos siguen siendo los mismos, de tristeza y mucha preocupación por cómo se va a ir gestionando y cómo van a reaccionar nuestros políticos. El comunicado, sin duda, me parece insuficiente.
¿Qué lectura hace de un comunicado en precampaña?
Todo lo que está haciendo ETA en los último dos años, desde el acuerdo de Guernica, obedece a una estrategia, a algo pactado.
Dice que le preocupa el discurso actual del PSOE y del PP en este asunto. ¿Se siente incomprendida por los partidos que se disputan la presidencia del Gobierno?
Solo hay que ver las encuestas del CIS, y leer que una de las preocupaciones de los ciudadanos es la clase política española. Esto tendría que alertar a los propios políticos y a los ciudadanos, porque los políticos no crecen en los árboles, han crecido en nuestras escuelas, han sido nuestro vecinos, son el resultado de nuestra sociedad. Nos tendríamos que plantear como país la necesidad de cambiar esto. No sé qué nos falta, pero hay un problema de base para tener en la política unos ciudadanos comprometidos. Pienso en el ejemplo de hacer política de Gregorio Ordóñez, en los ciudadanos con una voluntad de servicio absoluta, honrados y con un programa basado en unos principios y unos valores.
¿Qué le gustaría ver en el programa electoral de un partido en materia antiterrorista?
A este país le pido algo sencillo, y por lo tanto al próximo partido que nos gobierne. Que haga respetar el Estado de derecho; que haga que funcionen las instituciones; que se cumplan la legislación y el código penal; que apoye a las víctimas, que si hay que inclinar la balanza desde alguna institución, siempre sea del lado de las víctimas del terrorismo y nunca del lado de los criminales; y que no haya tratos de favor, porque en materia penitenciaria ETA sigue existiendo, ya que no ha renunciado ni condenado su pasado, ni se han entregado. Espero que esto lo tenga en cuenta el próximo gobierno, porque nuestro Estado de derecho está absolutamente en la cuerda floja. Y sería indigno para cualquier democracia que se precie que la historia la escriban los terroristas.
¿Qué piensa cuándo ve miles de personas en la calle apoyando a la izquierda abertzale?
No es nuevo, estamos acostumbrados. Eso sí, ellos salen todos a la calle, sin excepción y son los artífices de extender el miedo en la comunidad. Qué voy a pensar, lo que es una realidad en el País Vasco: que hay muchos miles de ciudadanos que apoyan y han apoyado el terrorismo, que han apoyado y apoyan los objetivos políticos de una organización terrorista como es ETA y que se ha desplazado al campo político bajo muchas siglas. Hay que recordar a las ociedad española que hay muchos ciudadanos que creen en ese proyecto político y que no se arrepienten de lo que ha pasado en todos estos años.
Hay tres terroristas condenados por la muerte de Gregorio Ordóñez. ¿Siente alivio?
Sí, sobre todo después de tantos años. En mayo fue juzgado el tercer individuo que participó en el atentado contra Gregorio Ordóñez y han pasado más de 16 años, así que ya está bien. Lo que más consuelo me ha aportado como ciudadana han sido los juicios, conocer la verdad de los hechos, saber que las personas implicadas han pasado por un juicio justo, irreprochable, y que han tenido una sentencia y están en la cárcel. Espero que allí estén para cumplir la condena, porque si no sería un gran teatro. Cabe alabar la tarea de la fuerzas de seguridad. Por supuesto, aunque ETA son muchas cosas. La labor policial tan terrible y tan dura en estos años para perseguir a los etarras es fundamental. Sin ella nos caemos todos. Pero ETA es algo más. ETA tiene una repercusión social, pública, cultural, política a través de organismos, partidos, asociaciones. Por eso con ETA hay que acabar ideológicamente y policialmente.
¿Viviremos en la próxima legislatura el fin definitivo de ETA?
No tengo un pálpito distinto al que tenía antes del comunicado. Mi preocupación sigue siendo cuándo va a desaparecer ETA, cuándo se va a entregar y va a renunciar a su proyecto político, y lo veo muy difícil. Pero también me preocupa que estos comunicados sean suficientes para nuestros políticos, a quienes les parece todo estupendo. Espero que quien gobierne no caiga en la trampa de una ETA solo derrotada policialmente, y no le den ningún juego, ningún papel a su proyecto político, niningún trato especial a los presos. Porque entonces el asesinato de más de 850 personas no habrá tenido ningún sentido. Y eso para las víctimas es insoportable.
Cambió San Sebastián por Madrid tras el asesinato de Gregorio Ordóñez en 1995. ¿Se plantea volver ahora al País Vasco?
Tomé la decisión de dejar mi casa, mi trabajo, mi familia, mis amigos, la ciudad que me había visto crecer, enamorarme, casarme, después de que esa ciudad fuera testigo del asesinato de mi marido. Y decidí irme con mucho dolor pensando en mi hijo, porque no era justo para él que además de ser huérfano de padre, creciera bajo el estigma de ser el huérfano de Gregorio Ordóñez, tanto para bien como para mal. Pero no pienso en volver, no forma parte de mis objetivos en la vida ni tengo la necesidad, aunque fue muy duro irme.
¿Habla de terrorismo en casa o es un tema que aparca?
Solo somos dos, mi hijo y yo, y no hay un solo día en que no veamos juntos el informativo de la noche, así que opinamos sobre cualquier tema que sale, y lo hablamos con naturalidad. Tengo la inmensa suerte de tener un hijo que ha ido siempre por delante de mí. Me costó mucho explicarle lo que le había pasado a su padre. Yo le contaba un cuento hasta que un día, con cuatro años, desayunando me preguntó: «¿Pero cómo ha muerto mi padre?». Se lo conté y a partir de ahí siempre le he hablado a demanda de lo que me ha ido preguntando. También le explico lo que es la justicia, la verdad, lo importante que es el Estado de derecho, la responsabilidad de cada cual en construir todo lo que nos rodea.
¿Cómo supo del comunicado?
Estábamos juntos en casa, a punto de salir, y me llamó un amigo para decirme que buscara el comunicado en internet o pusiera la tele. Ya había recibido llamadas de periodistas alertándome para decirme que iba a ser inmediato. El cómo se ha fraguado todo, obedeciendo a un calendario casi escolar, le quita credibilidad.